{"id":5567,"date":"2017-03-01T01:15:10","date_gmt":"2017-03-01T00:15:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.monasteriosantacruz.com\/blog\/?p=5567"},"modified":"2017-03-01T01:18:27","modified_gmt":"2017-03-01T00:18:27","slug":"beata-giovanna-maria-bonomo-1-de-marzo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.monasteriosantacruz.com\/?p=5567","title":{"rendered":"Beata Giovanna Mar\u00eda Bonomo \u2013 1 de marzo"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright\" src=\"https:\/\/ci6.googleusercontent.com\/proxy\/kzZbJXc0gUowDHit3KOyvbTesTZdVX5ke4y8Fe8wC3M4te61t8xc_ePp7sGcMI-XwyAYlUzuM5DPg0u7nROpok8sdEOF1JiW-Tq8QkJ54bdYncZCK2t1Wmrh7TvJ-bwgZHxcLRWuCBYQxcH8Yc7r=s0-d-e1-ft#https:\/\/es.zenit.org\/wp-content\/uploads\/2016\/02\/Beata-Giovanna-Mar\u00eda-Bonomo--582x400.jpg\" alt=\"Mostrando \" width=\"447\" height=\"307\" \/><strong>ABADESA BENEDICTINA <\/strong>Precocidad en su entrega a Dios e incomprensiones ante sus numerosas experiencias m\u00edsticas y favores celestiales, fueron, entre otros, los signos que marcaron el acontecer de esta abadesa benedictina. Vino al mundo en Asiago, Italia, el 15 de agosto de 1606, en una familia acomodada y socialmente reconocida. Su padre Giovanni era un terrateniente dedicado al comercio, y su madre Virginia pertenec\u00eda a la rama de los Ceschi di Borgo Valsugana. En 1612, cuando ten\u00eda alrededor de 6 a\u00f1os, qued\u00f3 hu\u00e9rfana de madre, y su padre consider\u00f3 oportuno encomendar su educaci\u00f3n a las Hermanas Pobres de santa Clara en Trento, donde ingres\u00f3 en 1615.<\/p>\n<p>Con las religiosas obtuvo una interesante formaci\u00f3n que le permiti\u00f3 adquirir destrezas en tareas propias que las j\u00f3venes sol\u00edan recibir entonces y que eran de gran utilidad, como las labores de punto. Adem\u00e1s, ten\u00eda una sensibilidad art\u00edstica que cultiv\u00f3 por medio de la literatura, la m\u00fasica y la danza, todo ello complementario a lo esencial para su vida: la educaci\u00f3n religiosa. Ten\u00eda aut\u00e9ntica pasi\u00f3n por Cristo. Y llevada por ella obtuvo una gracia ins\u00f3lita en la \u00e9poca: tomar la primera comuni\u00f3n a sus 9 a\u00f1os. Como han hecho otras insignes disc\u00edpulas de Jes\u00fas, con esa edad ya le consagr\u00f3 su virginidad. Y en aras de esta promesa efectuada libremente, a los 12 a\u00f1os intent\u00f3 que su padre le permitiera ingresar en la vida religiosa.<\/p>\n<p>Hab\u00eda elegido ser clarisa y pasar el resto de la existencia en la clausura de Trento donde estaba siendo formada. Sin embargo, su deseo contraven\u00eda los planes de su progenitor que hab\u00eda previsto que contrajera matrimonio, y con tal finalidad se la llev\u00f3 consigo a Asiago, a la espera de que llegase el momento. En un principio se vio obligada a seguirle, pero fue tan insistente que logr\u00f3 torcer su voluntad. Lo que no pudo impedir es que recayese en \u00e9l la elecci\u00f3n del convento y de la Orden en la que consumar\u00eda su ofrenda. As\u00ed pues, con 15 a\u00f1os, como su padre autoriz\u00f3 su ingres\u00f3 en el monasterio benedictino de san Jer\u00f3nimo de Bassano, inici\u00f3 su vida religiosa. Es de suponer que Giovanni no fue consciente del trasfondo espiritual que conllevaba la presi\u00f3n a la que hab\u00eda sometido a su hija. Pero Dios se val\u00eda de su terquedad y actitud impositiva para conducir a la beata por el sendero previsto por \u00c9l.<\/p>\n<p>Al profesar el 8 de septiembre de 1622 tom\u00f3 el nombre de Giovanna Mar\u00eda. Su primer \u00e9xtasis se produjo precisamente ese d\u00eda. Con posterioridad, durante siete a\u00f1os continuar\u00eda siendo acreedora de numerosas y frecuentes gracias, que en su mayor parte ven\u00edan unidas a la Eucarist\u00eda. Adem\u00e1s, forma parte del selecto elenco de m\u00edsticos que recibieron en su cuerpo los estigmas de la Pasi\u00f3n que eran manifiestos desde el jueves por la tarde hasta el s\u00e1bado por la ma\u00f1ana. Or\u00f3 fervorosamente para que desaparecieran, y en un momento dado obtuvo lo que ped\u00eda, pudiendo llevar vida normal como el resto de las religiosas. De todos modos, la presencia sobrenatural de Dios era particularmente manifiesta para ella en el instante de recibir la Sagrada Comuni\u00f3n. Como los signos extraordinarios con los que era agraciada no pudieron permanecer ocultos, atrajeron la atenci\u00f3n de muchas personas que comenzaron a difundirlos juzg\u00e1ndolos una prueba de su santidad, lo cual le apenaba sobremanera. Tambi\u00e9n suscitaron numerosos resquemores.<\/p>\n<p>El signo de la contradicci\u00f3n acompa\u00f1a siempre a los hijos de Dios; es una garant\u00eda de su autenticidad. A veces las controversias no vienen de fuera; tienen su origen en los m\u00e1s cercanos. Es la experiencia que ella tuvo que afrontar. Entre sus hermanas de comunidad hubo gran disparidad de opiniones. Algunas se negaban a aceptar la legitimidad de los favores, y se inclinaban a juzgarlos como fruto de sus debilidades. Vanidad, supercher\u00eda, herej\u00eda\u2026, a Giovanna le persegu\u00edan las tribulaciones, y las consecuencias de la acepci\u00f3n divina hacia su persona fueron muy dolorosas humana y espiritualmente. Era la cruz a la que deb\u00eda abrazarse, los momentos de prueba que han de afrontar los disc\u00edpulos de Cristo, cada uno con las caracter\u00edsticas particulares. En su caso vinieron acompa\u00f1ados de amargura, soledad, incomprensi\u00f3n, dudas y hasta aceradas cr\u00edticas que iban m\u00e1s lejos. Su propio confesor la tild\u00f3 como demente y le prohibi\u00f3 tomar la comuni\u00f3n. Adem\u00e1s, ten\u00eda vedado comparecer en el locutorio y le impidieron escribir cartas.<\/p>\n<p>Siete a\u00f1os duraron estas penalidades, que no vinieron solas. A ellas se unieron males f\u00edsicos: ci\u00e1tica y fiebres, entre otros. Ten\u00eda en contra a todo el clero de Vicenza. Lo que se dice una corona de sufrimientos. Aislada en el convento, Cristo se hizo notar d\u00e1ndole consuelo. Extra\u00eda de su divino costado la Sagrada Forma y se la ofrec\u00eda con estas palabras: \u00abToma, esposa m\u00eda\u00bb. Otras veces era un \u00e1ngel el que tomaba de la patena la Hostia que el sacerdote distribu\u00eda y se la llevaba a ella. Cuando se acept\u00f3 la veracidad de sus experiencias m\u00edsticas, revocaron las prohibiciones. Y en 1652 fue elegida abadesa. Tres a\u00f1os m\u00e1s tarde fue priora, y nuevamente reelegida abadesa en 1664.<\/p>\n<p>Durante veinte a\u00f1os form\u00f3 a sus hermanas en lo que conoc\u00eda por experiencia: sobrenaturalizar lo ordinario, ense\u00f1\u00e1ndoles que no buscasen grandes gestas, sino la fidelidad evang\u00e9lica a las peque\u00f1as cosas de cada d\u00eda. Sus sabios consejos eran demandados por muchas personas, incluso las pertenecientes a altos estamentos sociales. En todos dej\u00f3 la huella de su paciencia, humildad y caridad. Socorri\u00f3 a los pobres y a los marginados. Tuvo el don de bilocaci\u00f3n y el de milagros. Muri\u00f3 en Bassano el 1 de marzo de 1670 con fama de santidad. Fue beatificada por P\u00edo VI el 9 de junio de 1783.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ABADESA BENEDICTINA Precocidad en su entrega a Dios e incomprensiones ante sus numerosas experiencias m\u00edsticas y favores celestiales, fueron, entre otros, los signos que marcaron el acontecer de esta abadesa benedictina. 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