{"id":4716,"date":"2015-09-18T17:48:29","date_gmt":"2015-09-18T16:48:29","guid":{"rendered":"http:\/\/www.monasteriosantacruz.com\/blog\/?p=4716"},"modified":"2015-09-18T17:48:29","modified_gmt":"2015-09-18T16:48:29","slug":"el-pecado-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.monasteriosantacruz.com\/?p=4716","title":{"rendered":"EL PECADO &#8211; II"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center\"><em><strong>CRITERIOS PARA EVALUAR EL PECADO<\/strong><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A la hora de evaluar en concreto la gravedad de ciertos pecados cometidos, surgen a veces en las conciencias problemas no peque\u00f1os. Se\u00f1alemos, pues, algunos criterios en orden al discernimiento.<\/p>\n<p>1.\u2013<strong>Aunque somos personas humanas, hacemos pocos \u00abactos humanos\u00bb<\/strong>, si entendemos por \u00e9stos los que proceden de raz\u00f3n y libertad\u00a0 (<em>ST<\/em> I-II, 1,1; <em>ib. ad 3m<\/em>). Los hombres <em>espirituales<\/em> tienen una vida muy consciente y deliberada, pero son pocos. La mayor\u00eda de los hombres son <em>carnales<\/em>, y el sector consciente y libre de sus vidas es bastante reducido. Obran muchas veces movidos por su costumbre, por la moda, por las circunstancias, por lo que le apetece, por lo que le piden. En gran medida, pues, \u00abno saben lo que hacen\u00bb (Lc 23,34; <em>cf. <\/em>Rm 7,15). M\u00e1s a\u00fan, los que pecan mucho ponen sus almas tan oscuras, que acaban confundiendo vicio y virtud, mal y bien. Todos, m\u00e1s o menos, sufrimos estas oscuridades, y todos hemos de decir ante el Se\u00f1or: \u00ab\u00bfQui\u00e9n conoce sus faltas? Absu\u00e9lveme de lo que se me oculta\u00bb (Sal 18,13).<\/p>\n<blockquote><p>Ahora bien, si en aquello que en nuestra conciencia hay de consciente y libre nos empe\u00f1amos sinceramente en no ofender a Dios, llegaremos a no ofenderle tampoco en aquellas cosas de las que hoy todav\u00eda apenas somos conscientes. Es decir, la reducci\u00f3n de los pecados formales, ampl\u00eda e ilumina cada vez m\u00e1s nuestra conciencia, y nos va librando incluso de aquellos que llamamos <em>pecados materiales<\/em>, que no son realmente culpables, por faltar en ellos el conocimiento o la voluntariedad. Por el contrario, <em>en los cristianos plenamente crecidos en la gracia casi todos los actos son humanos<\/em>, pues en ellos la voluntad obra seg\u00fan la raz\u00f3n y seg\u00fan \u00abla fe operante por la caridad\u00bb (Gal 5,6).<\/p><\/blockquote>\n<p>2.\u2013<strong>La gravedad o levedad de un pecado concreto ha de ser juzgada seg\u00fan el pensamiento de la fe<\/strong>, esto es, a la luz de la sagrada Escritura y de la ense\u00f1anza de la Iglesia; y no seg\u00fan el temperamento personal o el ambiente en que se vive. De otro modo, los errores en la evaluaci\u00f3n pueden ser enormes.<\/p>\n<blockquote><p><em>Las personas juzgan frecuentemente la gravedad de un pecado<\/em> <em>seg\u00fan su temperamento y modo de ser<\/em>. Tal caballero antiguo no hace casi problema de conciencia si mata a otro en un duelo de pura vanidad; pero si dijera una mentira grave sentir\u00eda terriblemente manchado su honor y su conciencia. Esta se\u00f1ora rezadora es incapaz de faltar contra la castidad en los m\u00e1s m\u00ednimo, pero maltrata a su empleada, y no ve en ello nada de malo; ve en ello, m\u00e1s bien, una muestra noble de energ\u00eda y autoridad.<\/p>\n<p><em>Influye tambi\u00e9n mucho el ambiente<\/em>, y tambi\u00e9n, por supuesto, el mismo medio eclesial concreto. Faltas, por ejemplo, contra la abstinencia penitencial que son muy tenidas en cuenta en tal \u00e9poca o Iglesia particular, en otro tiempo y lugar apenas se consideran. Se dan, pues, en esto <em>errores de \u00e9poca, <\/em>graves<em> errores colectivos<\/em>, de los cuales, por supuesto, no se libran los cristianos carnales de nuestro tiempo. Tantos de ellos, por ejemplo, no consideran pecado mortal la inasistencia a la Misa dominical durante a\u00f1os. Su conciencia est\u00e1 deformada, quiz\u00e1 a causa de predicaciones falsas.<\/p><\/blockquote>\n<p>3.\u2013<strong>A todo pecado, sea mortal o venial, hay que darle mucha importancia<\/strong>. El dolor por la culpa ha de ser siempre m\u00e1ximo, y en este sentido no tiene mayor inter\u00e9s llegar a saber si tal pecado fue mortal o venial, venial leve o grave. Por lo dem\u00e1s, insistimos en que<em> un pecado, aunque no sea mortal, puede ser muy grave<\/em>. En pecados, por ejemplo, contra la caridad al pr\u00f3jimo, desde una antipat\u00eda apenas consentida, pasando por murmuraciones y juicios temerarios, hasta llegar al insulto, a la calumnia o al homicidio, hay una escala muy amplia, en la que no se puede se\u00f1alar f\u00e1cilmente cu\u00e1ndo un pecado deja de ser venial para hacerse mortal.<\/p>\n<p>4.\u2013<strong>EI pecado de los cristianos tiene una gravedad especial<\/strong>. \u00abSi pecamos voluntariamente despu\u00e9s de haber recibido el conocimiento de la verdad\u00bb \u00bfqu\u00e9 castigo mereceremos? Si era condenado a muerte el que violaba la ley de Mois\u00e9s, \u00ab\u00bfde qu\u00e9 castigo m\u00e1s severo pens\u00e1is que ser\u00e1 juzgado digno el que haya pisoteado al Hijo de Dios, y haya profanado la sangre de su Alianza, en la que fue santificado, y haya ultrajado al Esp\u00edritu de la gracia?\u00bb (Heb 10,26. 29). A \u00e9stos \u00abm\u00e1s les val\u00eda no haber conocido el camino de la justificaci\u00f3n, que, despu\u00e9s de haberlo conocido, echarse atr\u00e1s del santo mandamiento que se les ha transmitido. Les ha pasado lo del acertado proverbio: \u201cEl perro ha vuelto a su propio v\u00f3mito\u201d, y \u201cel cerdo, reci\u00e9n lavado, se revuelca en el lodo\u201d\u00bb (2Pe 2,21-22).<\/p>\n<p>5.\u2013<strong>El cristiano que habitualmente vive en gracia de Dios, en la duda, debe presumir que su pecado no fue mortal<\/strong>. Y la presunci\u00f3n ser\u00e1 tanto m\u00e1s firme cuanto m\u00e1s intensa y firme sea su vida espiritual. Recordemos que gracia, virtudes y dones son\u00a0<em>h\u00e1bitos<\/em> sobrenaturales infundidos por Dios en el hombre. Y el h\u00e1bito es \u00abqualitas difficile mobilis\u00bb: implica permanencia y estabilidad, como dice Santo Tom\u00e1s (<em>STh<\/em> I-II, 49,2 ad 3 m). La gracia da al hombre una habitual inclinaci\u00f3n al bien, as\u00ed como una habitual tendencia a evitar el pecado (<em>De veritate<\/em> 24,13). Por eso tanto la vida en pecado como la vida en gracia poseen estabilidad, y la persona no pasa de un estado al otro con facilidad y frecuencia. Por eso aquellos buenos cristianos que con excesiva facilidad piensan que tal pecado suyo fue mortal suelen estar equivocados, quiz\u00e1 porque recibieron una mala formaci\u00f3n o porque son escrupulosos. Estiman que puede perderse la gracia de Dios como quien pierde un paraguas, por puro olvido o despiste.<\/p>\n<blockquote><p>Tengamos en cuenta ante todo que cuando el Se\u00f1or agarra al hombre fuertemente por su gracia, no consiente tan f\u00e1cilmente que por el pecado mortal se le escape. Viviendo normalmente en gracia, caminamos fuertemente tomados de la mano de Dios. Y como dice Jes\u00fas, \u00ablo que me dio mi Padre es mejor que todo, y <em>nadie podr\u00e1 arrancar nada de la mano de mi Padre<\/em>\u00bb (Jn 10,29). Y San Pablo: \u00ab\u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 arrancarnos al amor de Cristo?\u2026 [Nada] podr\u00e1 arrancarnos al amor de Dios en Cristo Jes\u00fas, Se\u00f1or nuestro\u00bb (Rm 8,35.39).<\/p><\/blockquote>\n<p><strong>\u2013No conviene cavilar en exceso tratando de evaluar exactamente la gravedad de un pecado<\/strong>. Lo que hay que hacer es arrepentirse de \u00e9l con todo el coraz\u00f3n. Y aunque el pecado fuere peque\u00f1o, sea muy grande el arrepentimiento.<\/p>\n<blockquote><p><em>Los que atormentan su alma intentando evaluar su culpa<\/em>, d\u00e1ndole vueltas y m\u00e1s vueltas, no sacan nada en limpio. Muchas veces son escrupulosos. Imaginemos que un ni\u00f1o, desobedeciendo a su madre, ha dado un portazo \u2013por prisa, por enfado, por negligencia, por lo que sea\u2013. Triste ser\u00eda que luego el ni\u00f1o, encogido en un rinc\u00f3n, se viera corro\u00eddo por interminables dudas: \u00ab\u00bfFue un portazo muy fuerte?\u2026 No tanto. \u00bfQuiz\u00e1 trato de quitarme culpa? Muy suave no fue, ciertamente. \u00bfPero hasta qu\u00e9 punto me di cuenta de lo que hac\u00eda?\u00bb etc. \u2026 Poco tiene eso que ver con la sencillez de los hijos de Dios, que viven apoyados siempre en el amor del \u00abPadre de las misericordias y Dios de todo consuelo\u00bb (2 Cor 1,3). En no pocos casos, estas cavilaciones morbosas proceden en el fondo de un insano deseo de <em>controlar\u00a0<\/em>humanamente la vida de la gracia y cada una de sus vicisitudes. Pero muchas veces la evaluaci\u00f3n del pecado concreto es moralmente imposible: \u00abNi a m\u00ed mismo me juzgo \u2013dec\u00eda San Pablo\u2013. Quien me juzga es el Se\u00f1or\u00bb (1 Cor 4,3-4).<\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CRITERIOS PARA EVALUAR EL PECADO A la hora de evaluar en concreto la gravedad de ciertos pecados cometidos, surgen a veces en las conciencias problemas no peque\u00f1os. 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