{"id":2333,"date":"2012-02-23T00:26:04","date_gmt":"2012-02-22T23:26:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.monasteriosantacruz.com\/blog\/?p=2333"},"modified":"2012-02-23T16:11:36","modified_gmt":"2012-02-23T15:11:36","slug":"mensaje-del-santo-padre-benedicto-xvi-para-la-cuaresma-2012-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.monasteriosantacruz.com\/?p=2333","title":{"rendered":"Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Cuaresma 2012  (I)"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>\u00abFij\u00e9monos los unos en los otros para est\u00edmulo de la caridad y las buenas obras\u00bb<\/strong><\/em> <strong>(Hb 10, 24)<\/strong><br \/>\n<em>Este mensaje de su Santidad Benedicto XVI, especial para la Cuaresma, fue publicado por la Santa Sede en noviembre de 2011. Lo recomendamos a nuestros lectores para su lectura y reflexi\u00f3n, as\u00ed como su conservaci\u00f3n (este texto se publicar\u00e1 por partes)\u00a0para poder consultarlo a lo largo de los d\u00edas de este tiempo fuerte.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Queridos hermanos y hermanas<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Cuaresma nos ofrece una vez m\u00e1s la oportunidad de reflexionar sobre el coraz\u00f3n de la vida cristiana: la caridad. En efecto, este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario. Se trata de un itinerario marcado por la oraci\u00f3n y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegr\u00eda pascual.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este a\u00f1o deseo proponer algunas reflexiones a la luz de un breve texto b\u00edblico tomado de la Carta a los Hebreos: \u00abFij\u00e9monos los unos en los otros para est\u00edmulo de la caridad y las buenas obras\u00bb (10,24). Esta frase forma parte de una per\u00edcopa en la que el escritor sagrado exhorta a confiar en Jesucristo como sumo sacerdote, que nos obtuvo el perd\u00f3n y el acceso a Dios. El fruto de acoger a Cristo es una vida que se despliega seg\u00fan las tres virtudes teologales: se trata de acercarse al Se\u00f1or \u00abcon coraz\u00f3n sincero y llenos de fe\u00bb (v. 22), de mantenernos firmes \u00aben la esperanza que profesamos\u00bb (v. 23), con una atenci\u00f3n constante para realizar junto con los hermanos \u00abla caridad y las buenas obras\u00bb (v. 24). Asimismo, se afirma que para sostener esta conducta evang\u00e9lica es importante participar en los encuentros lit\u00fargicos y de oraci\u00f3n de la comunidad, mirando a la meta escatol\u00f3gica: la comuni\u00f3n plena en Dios (v. 25). Me detengo en el vers\u00edculo 24, que, en pocas palabras, ofrece una ense\u00f1anza preciosa y siempre actual sobre tres aspectos de la vida cristiana: la atenci\u00f3n al otro, la reciprocidad y la santidad personal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>1. \u201cFij\u00e9monos\u201d: la responsabilidad para con el hermano.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El primer elemento es la invitaci\u00f3n a \u00abfijarse\u00bb: el verbo griego usado es katanoein, que significa observar bien, estar atentos, mirar conscientemente, darse cuenta de una realidad. Lo encontramos en el Evangelio, cuando Jes\u00fas invita a los disc\u00edpulos a \u00abfijarse\u00bb en los p\u00e1jaros del cielo, que no se afanan y son objeto de la sol\u00edcita y atenta providencia divina (cf. Lc 12,24), y a \u00abreparar\u00bb en la viga que hay en nuestro propio ojo antes de mirar la brizna en el ojo del hermano (cf. Lc 6,41). Lo encontramos tambi\u00e9n en otro pasaje de la misma Carta a los Hebreos, como invitaci\u00f3n a \u00abfijarse en Jes\u00fas\u00bb (cf. 3,1), el Ap\u00f3stol y Sumo Sacerdote de nuestra fe. Por tanto, el verbo que abre nuestra exhortaci\u00f3n invita a fijar la mirada en el otro, ante todo en Jes\u00fas, y a estar atentos los unos a los otros, a no mostrarse extra\u00f1os, indiferentes a la suerte de los hermanos. Sin embargo, con frecuencia prevalece la actitud contraria: la indiferencia o el desinter\u00e9s, que nacen del ego\u00edsmo, encubierto bajo la apariencia del respeto por la \u00abesfera privada\u00bb. Tambi\u00e9n hoy resuena con fuerza la voz del Se\u00f1or que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro. Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos \u00abguardianes\u00bb de nuestros hermanos (cf. Gn 4,9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado reciproco, por la atenci\u00f3n al bien del otro y a todo su bien. El gran mandamiento del amor al pr\u00f3jimo exige y urge a tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad respecto a quien, como yo, es criatura e hijo de Dios: el hecho de ser hermanos en humanidad y, en muchos casos, tambi\u00e9n en la fe, debe llevarnos a ver en el otro a un verdadero alter ego, a quien el Se\u00f1or ama infinitamente. Si cultivamos esta mirada de fraternidad, la solidaridad, la justicia, as\u00ed como la misericordia y la compasi\u00f3n, brotar\u00e1n naturalmente de nuestro coraz\u00f3n. El Siervo de Dios Pablo VI afirmaba que el mundo actual sufre especialmente de una falta de fraternidad: \u00abEl mundo est\u00e1 enfermo. Su mal est\u00e1 menos en la dilapidaci\u00f3n de los recursos y en el acaparamiento por parte de algunos que en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos\u00bb (Carta. enc. Populorum progressio [26 de marzo de 1967], n. 66).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La atenci\u00f3n al otro conlleva desear el bien para \u00e9l o para ella en todos los aspectos: f\u00edsico, moral y espiritual. La cultura contempor\u00e1nea parece haber perdido el sentido del bien y del mal, por lo que es necesario reafirmar con fuerza que el bien existe y vence, porque Dios es \u00abbueno y hace el bien\u00bb (Sal 119,68). El bien es lo que suscita, protege y promueve la vida, la fraternidad y la comuni\u00f3n. La responsabilidad para con el pr\u00f3jimo significa, por tanto, querer y hacer el bien del otro, deseando que tambi\u00e9n \u00e9l se abra a la l\u00f3gica del bien; interesarse por el hermano significa abrir los ojos a sus necesidades. La Sagrada Escritura nos pone en guardia ante el peligro de tener el coraz\u00f3n endurecido por una especie de \u00abanestesia espiritual\u00bb que nos deja ciegos ante los sufrimientos de los dem\u00e1s. El evangelista Lucas refiere dos par\u00e1bolas de Jes\u00fas, en las cuales se indican dos ejemplos de esta situaci\u00f3n que puede crearse en el coraz\u00f3n del hombre. En la par\u00e1bola del buen Samaritano, el sacerdote y el levita \u00abdieron un rodeo\u00bb, con indiferencia, delante del hombre al cual los salteadores hab\u00edan despojado y dado una paliza (cf. Lc 10,30-32), y en la del rico epul\u00f3n, ese hombre saturado de bienes no se percata de la condici\u00f3n del pobre L\u00e1zaro, que muere de hambre delante de su puerta (cf. Lc 16,19). En ambos casos se trata de lo contrario de \u00abfijarse\u00bb, de mirar con amor y compasi\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 es lo que impide esta mirada humana y amorosa hacia el hermano? Con frecuencia son la riqueza material y la saciedad, pero tambi\u00e9n el anteponer los propios intereses y las propias preocupaciones a todo lo dem\u00e1s. Nunca debemos ser incapaces de \u00abtener misericordia\u00bb para con quien sufre; nuestras cosas y nuestros problemas nunca deben absorber nuestro coraz\u00f3n hasta el punto de hacernos sordos al grito del pobre. En cambio, precisamente la humildad de coraz\u00f3n y la experiencia personal del sufrimiento pueden ser la fuente de un despertar interior a la compasi\u00f3n y a la empat\u00eda: \u00abEl justo reconoce los derechos del pobre, el malvado es incapaz de conocerlos\u00bb (Pr 29,7). Se comprende as\u00ed la bienaventuranza de \u00ablos que lloran\u00bb (Mt 5,4), es decir, de quienes son capaces de salir de s\u00ed mismos para conmoverse por el dolor de los dem\u00e1s. El encuentro con el otro y el hecho de abrir el coraz\u00f3n a su necesidad son ocasi\u00f3n de salvaci\u00f3n y de bienaventuranza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El \u00abfijarse\u00bb en el hermano comprende adem\u00e1s la solicitud por su bien espiritual. Y aqu\u00ed deseo recordar un aspecto de la vida cristiana que a mi parecer ha ca\u00eddo en el olvido: la correcci\u00f3n fraterna con vistas a la salvaci\u00f3n eterna. Hoy somos generalmente muy sensibles al aspecto del cuidado y la caridad en relaci\u00f3n al bien f\u00edsico y material de los dem\u00e1s, pero callamos casi por completo respecto a la responsabilidad espiritual para con los hermanos. No era as\u00ed en la Iglesia de los primeros tiempos y en las comunidades verdaderamente maduras en la fe, en las que las personas no s\u00f3lo se interesaban por la salud corporal del hermano, sino tambi\u00e9n por la de su alma, por su destino \u00faltimo. En la Sagrada Escritura leemos: \u00abReprende al sabio y te amar\u00e1. Da consejos al sabio y se har\u00e1 m\u00e1s sabio todav\u00eda; ense\u00f1a al justo y crecer\u00e1 su doctrina\u00bb (Pr 9,8ss). Cristo mismo nos manda reprender al hermano que est\u00e1 cometiendo un pecado (cf. Mt 18,15). El verbo usado para definir la correcci\u00f3n fraterna \u2014elenchein\u2014es el mismo que indica la misi\u00f3n prof\u00e9tica, propia de los cristianos, que denuncian una generaci\u00f3n que se entrega al mal (cf. Ef 5,11). La tradici\u00f3n de la Iglesia enumera entre las obras de misericordia espiritual la de \u00abcorregir al que se equivoca\u00bb. Es importante recuperar esta dimensi\u00f3n de la caridad cristiana. Frente al mal no hay que callar. Pienso aqu\u00ed en la actitud de aquellos cristianos que, por respeto humano o por simple comodidad, se adec\u00faan a la mentalidad com\u00fan, en lugar de poner en guardia a sus hermanos acerca de los modos de pensar y de actuar que contradicen la verdad y no siguen el camino del bien. Sin embargo, lo que anima la reprensi\u00f3n cristiana nunca es un esp\u00edritu de condena o recriminaci\u00f3n; lo que la mueve es siempre el amor y la misericordia, y brota de la verdadera solicitud por el bien del hermano. El ap\u00f3stol Pablo afirma: \u00abSi alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con esp\u00edritu de mansedumbre, y cu\u00eddate de ti mismo, pues tambi\u00e9n t\u00fa puedes ser tentado\u00bb (Ga 6,1). En nuestro mundo impregnado de individualismo, es necesario que se redescubra la importancia de la correcci\u00f3n fraterna, para caminar juntos hacia la santidad. Incluso \u00abel justo cae siete veces\u00bb (Pr 24,16), dice la Escritura, y todos somos d\u00e9biles y caemos (cf. 1 Jn 1,8). Por lo tanto, es un gran servicio ayudar y dejarse ayudar a leer con verdad dentro de uno mismo, para mejorar nuestra vida y caminar cada vez m\u00e1s rectamente por los caminos del Se\u00f1or. Siempre es necesaria una mirada que ame y corrija, que conozca y reconozca, que discierna y perdone (cf. Lc 22,61), como ha hecho y hace Dios con cada uno de nosotros.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abFij\u00e9monos los unos en los otros para est\u00edmulo de la caridad y las buenas obras\u00bb (Hb 10, 24) Este mensaje de su Santidad Benedicto XVI, especial para la Cuaresma, fue publicado por la Santa Sede en noviembre de 2011. 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